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El letrero detrás del mostrador de la estación de guardabosques del Parque Nacional en Talkeetna, la ciudad de acceso al Denali, la montaña más alta de Norteamérica, traía una noticia que podía interpretarse de dos maneras distintas según fueras pesimista u optimista. El 79% de los alpinistas había alcanzado la cumbre esa temporada, y la tasa de éxito habitual era solo del 50%. ¿No significaba eso que era un buen año para escalar el Denali? Se había producido un período de buen tiempo sin precedentes en el pico conocido como Mt McKinley, una de las 7 cumbres, una montaña famosa por sus duras condiciones y bajas temperaturas que atrapaban a los alpinistas en tormentas durante días enteros. Ese año la gente subía directamente y alcanzaba la cumbre sin contratiempos, y regresaba días antes de lo previsto. Pero harían falta dos semanas arrastrando trineos de 30kg y cargando mochilas de 20kg antes de que el equipo de Mark Horrell estuviera en posición de lanzar un ataque a cumbre, y sabían que esas estadísticas acaban equilibrándose con el tiempo. ¿Aguantaría el tiempo, o se encontrarían luchando por sobrevivir en medio de una tormenta? Esta es la crónica de Mark sobre su expedición para escalar el West Buttress del Denali como parte de un equipo comercial, y contiene mucho consejo útil, como no quedarse dormido usando una botella para orinar, cómo evitar quedarse sin energía en la ruta, y cómo hacer que un trineo vaya en la dirección correcta gritándole.
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